¿Cómo ayuda la evaluación en la prevención del VIH?

¿qué es la evaluación?

La mayoría de los proveedores de servicios de prevención del VIH realizan regularmente actividades de evaluación y recolección de datos, aunque tal vez no las consideren una evaluación. Una sesión de manejo de casos de prevención, hablar con los clientes en la esquina, observar un sitio de intercambio de jeringas, asistir a las reuniones de personal; son ejemplos de la recolección “informal” de datos que ocurre todos los días.1 La evaluación formal provee sistemas que permiten a los proveedores recolectar información y luego analizarla para ayudarles a diseñar sus programas.

La evaluación es la recolección sistemática de información, o datos, sobre comunidades, clientes, programas y organizaciones.2 La evaluación es también una manera en la que los proveedores de servicios pueden ser responsables ante las comunidades que sirven al asegurarse de que los recursos se dediquen a programas que tendrán un efecto positivo en su población.

La evaluación y se puede realizar antes, durante y después de las intervenciones, convirtiéndose así en una parte íntegra de la prestación de servicios.

  • Antes: Para entender el contexto de la vida de los clientes y lo que les pone en riesgo, cómo los clientes evitan el riesgo, cómo ellos se adaptan a las circunstancias y qué recursos de la comunidad son esenciales para una buena salud. Esta información puede ayudar en la creación o adaptación de la intervención.
  • Durante: Para conocer lo que realmente ocurre en la práctica, uniformizar las interacciones con los clientes, identificar los componentes que funcionan mejor y determinar si la intervención satisface las necesidades de los clientes (población a servir) .
  • Después: Para determinar el efecto de la intervención sobre los clientes, sus parejas y familias, sobre el personal del programa y la comunidad.

¿para qué hacer la evaluación?

La evaluación puede ayudar a las organizaciones a trabajar con más agudeza. Ésta no sustituye la experiencia y ni los conocimientos de los proveedores, pero puede ofrecer información complementaria. Es importante usar la recolección sistemática de datos para diseñar la intervención y para tomar decisiones inteligentes sobre qué elementos incorporar y a qué conductas enfocarse. Muchas veces los proveedores no disponen del tiempo o de los recursos necesarios para reflexionar sobre sus proyectos, pero al mismo tiempo desean y necesitan saber que su trabajo produce buenos resultados y que es útil. La evaluación permite a los proveedores sentirse seguros de lo que hacen.

La evaluación puede ayudar a las organizaciones a tener éxito cuando compiten por fondos y a ser más precisas al solicitarlos. Muchas instituciones financiadoras requieren que las organizaciones solicitantes demuestren que han pensado cuidadosa y sistemáticamente en las intervenciones que están efectuando y las que están proponiendo.3 La evaluación también puede ayudar a conocer exactamente qué servicios necesita su población. Ésto permite que en vez de responder a toda propuesta para solicitar de fondos, se trabaje sólo en las que concretamente respondan a las necesidades su población.

Otro beneficio de la evaluación es que les da voz a los clientes, y así, los proveedores pueden aprender de todos y no solamente de quienes sobresalen. Aunque los proveedores conozcan muy bien las necesidades de quienes requieren más tiempo y servicios, es posible que la mayoría de los clientes que hablan menos tenga otras necesidades importantes en común. Una encuesta general a los clientes puede revelar esta información en forma organizada.4

¿qué obstáculos puede tener la evaluación?

Uno de los estereotipos de la evaluación es que su único uso es para que los financiadores juzguen el programa o la organización para “comprobar” que el programa haya funcionado o que haya fallado. No es de extrañarse que muchas organizaciones desconfíen en la idea de la evaluación.5 ¿Qué tal si el programa falla y pierdo mi trabajo y cierran la organización y mis clientes se quedan sin servicios? La evaluación bien pensada no es simplemente una encuesta antes y después del programa, sino que es una actividad que permite a los proveedores contestar sus propias preguntas y profundizar en el conocimiento de su trabajo y de su comunidad.

Otro estereotipo de la evaluación de programas es que ésta “se le haga a la agencia”. Sin embargo, las evaluaciones pueden incluir a todos los miembros de la agencia, lo cual fortalece el proceso y asegura que los resultados se entiendan y se usen. El personal de atención al público, los representantes de la comunidad o los usuarios de servicios deben ser incluidos en toda fase de la evaluación para diseñar las preguntas de la evaluación, repasar formularios o guías, comentar resultados y ofrecer sus ideas sobre puntos de acción.6

¿qué es una buena pregunta de evaluación?

El indicador de que una pregunta de investigación es buena es que la respuesta tenga importancia.7 Por ejemplo, ¿qué es de mayor utilidad, conocer el número de condones distribuidos en un mes, o saber lo que los clientes hacen con los condones?

Una buena pregunta también debe tener respuesta.Muchas organizaciones quieren saber si sus programas tienen efectos positivos, pero conocer la respuesta de una pregunta tan amplia puede requerir más tiempo, dinero y personal de lo que es factible. Por ejemplo, en vez de preguntar, “¿Ha tenido nuestra agencia algún efecto sobre las tasas del VIH entre heterosexuales?”, Otra pregunta más útil y más fácil de contestar podría ser: “¿Cuáles son los riesgos para las jovencitas que salen con hombres mayores?”

Una buena pregunta debe producir resultados prácticos. Por ejemplo, aunque puede ser interesante conocer las necesidades de vivienda de sus clientes, si su agencia no tiene fondos para proporcionar estos servicios, obtener esta información podría causarle únicamente frustración.

¿qué se está haciendo al respecto?

El STOP AIDS Project (Proyecto para Detener el SIDA) en San Francisco, CA, realiza continuamente encuestas en la calle con hombres homo y bisexuales sobre su conducta sexual y otros temas candentes de la prevención del VIH. Una vez al mes se reúne todo el personal para examinar los datos obtenidos y comentar los resultados. La organización usa la información que le dan los hombres en su comunidad para modificar y adaptar sus programas.8

El Tri-City Health Center en Fremont, CA, en colaboración con un investigador del Center for AIDS Prevention Studies, invitó a diversos miembros del personal a participar en el análisis de datos para ayudar a ilustrar las necesidades de sus clientes. Los resultados de las entrevistas con jóvenes instalados en la vagancia callejera les fueron presentados a los jóvenes promotores de salud de la clínica para que ayudaran a interpretar la información. Por medio de la encuesta se aprendió que ésta población no querían asistir a grupos con horario fijo, sino que preferían servicios con horario abierto, consejería vocacional y un centro de distribución de ropa. La clínica cambió sus planes originales y puso en práctica los resultados de las entrevistas.6

La AIDS Foundation de Chicago contrató a un investigador independiente para facilitar la integración de los servicios de tratamiento y cuidado. El investigador evaluó las necesidades los manejadores de casos VIH+, con el fin de conocer sus necesidades de prevención. Basándose en los resultados de la evaluación, la fundación creó un programa de capacitación para ayudar a estos manejadores de casos a sentirse más cómodos al hablar con los clientes sobre su historial sexual, uso de drogas asó como a conducir sesiones centradas en las necesidades del cliente mientras se hace las indagaciones.9

¿qué queda por hacer?

Si no se le dedica un tiempo y fondos concretos, la evaluación puede perderse en el mundo de los servicios al cliente, que suele girar en torno a las crisis.5 Se debe alentar a las organizaciones para que promuevan un ambiente de aprendizaje junto con la provisión de servicios. Las organizaciones pueden incluir en los perfiles de sus puestos el tiempo necesario para realizar la evaluación, y asignar tiempo para que el personal lea y comente lo que ha aprendido en reuniones regulares. Para que esto suceda y pueda participar suficiente personal, los financiadores necesitan cubrir todos los gastos relacionados con la evaluación. Los gastos que muchas veces pasan desapercibidos incluyen el tiempo del personal, la capacitación del personal (incluyendo viajes a congresos y talleres) y la impresión y envío de materiales.

Es de suma importancia compartir los resultados de la evaluación. Las organizaciones deben documentar los resultados de sus evaluaciones y presentarlos en congresos regionales y nacionales. Los financiadores necesitan repartir los informes a otras organizaciones y sintetizar las lecciones aprendidas para todos sus cesionarios. Los departamentos de salud pueden organizar juntas regionales para rendir informe y fomentar la formación de redes de contacto entre organizaciones con necesidades de evaluación parecidas.

A medida que los proveedores de servicios del VIH dediquen más recursos a la evaluación, los financiadores, los departamentos de salud y los grupos que hacen investigación deberán satisfacer la necesidad de brindarles apoyo y asistencia técnica en forma continua.10 La evaluación puede beneficiar a todas estas instituciones, y es la clave para promover una colaboración que involucre a todos los interesados.11


¿quién lo dice?

1. Center for AIDS Prevention Studies. Good Questions, Better Answers: A Formative Research Handbook for California HIV Prevention Programs. 1998. http://goodquestions.ucsf.edu

2. Linney JA, Wandersman A. Prevention plus III: Assessing alcohol and other drug prevention programs at the school and community level: A four-step guide to useful program assessment. US Department of Health & Human Services: Rockville, MD. 1991; p.461.

3. Holtgrave DR, Gilliam A, Gentry D, et al. Evaluating HIV prevention efforts to reduce new infections and ensure accountability. AIDS Education and Prevention. 2002;14SA:1-4.

4. Guydish J, Bucardo J, Clark G, et al. Evaluating needle exchange: A description of client characteristics, health status, program utilization, and HIV risk behavior. Substance Use & Misuse. 1998;33:1173-1196.

5. Napp D, Gibbs D, Jolly D, et al. Evaluation barriers and facilitators among community-based HIV prevention programs. AIDS Education and Prevention. 2002;14SA:38-48.

6. Harper GW, Carver LJ. Out-of-the-mainstream youth as partners in collaborative research: Exploring the benefits and challenges. Health Education & Behavior. 1999;2:250-265.

7. Patton MQ. Utilization-focused evaluation: The new century text (3rd ed.). Sage Publications, Inc: Thousand Oaks, CA. 1997.

8. STOP AIDS Project. www.stopaids.org

9. Ishaug M, Mitchell C. Is That My Job Too? Challenges and Opportunities for Integrating HIV Prevention into Care. Presented at the 2nd CAPS HIV Prevention Conference, San Francisco, CA. 2002.

10. Glassman M, Lacson R, Collins B, et al. Lessons learned from the first year of implementation of the Centers for Disease Control and Prevention's standardized evaluation system for HIV prevention programs. AIDS Education and Prevention. 2002;14SA:49-58.

11. Sanstad KH, Stall R, Goldstein E, et al. Collaborative community research consortium: A model for HIV prevention. Health Education & Behavior. 1999;2:171-184.


Preparado por Olga Grinstead, PhD, MPH and Ellen Goldstein, MA, CAPS

Traducción: Rocky Schnaath

Octubre 2002. Hoja Informativa #44S